el gran buda de kamakura






Voy a salirme un poco de la tónica de la mayoría de entradas de este blog para hablar hoy de una obra de arte y, utilizándola como excusa, hacer una pequeña pincelada del periodo Kamakura, que ya retomaré más adelante con mayor profundidad. Visita obligada en cualquier viaje a Japón, a una distancia perfecta desde Tokio para una excursión de un día, la ciudad de Kamakura tiene muchos lugares que vale la pena contemplar, pero entre ellos destaca el Gran Buda del templo Kōtoku-in.

En 1185, Yoritomo, el líder del clan Minamoto, se hizo con el control de Japón tras derrotar al clan rival, el de los Taira, que llevaba en el poder apenas tres décadas. Instaló entonces la sede de su gobierno en Kamakura para alejarse de la influencia de la corte de Heian y de los monasterios de la capital; e hizo que el emperador, convertido ya en una figura carente de ningún poder en la práctica, le otorgase el cargo con el que él y sus sucesores gobernarían durante casi 150 años, el de shōgun, inaugurando así la práctica de establecer shōgunatos.

Aunque el Budismo ya había entrado en el país hacía siglos y la misma corte de Heian lo había aceptado como propio, es a partir del periodo Kamakura (1185-1333) cuando podemos decir que su influencia se dejó notar con mayor importancia y fue ampliamente difundido entre el pueblo llano. De la misma forma, surgieron nuevas sectas y corrientes dentro del Budismo, siendo una de las más importantes la denominada Jōdo (Tierra Pura), que veneraba especialmente la figura de Amida Buda.

Fotografía del periodo Meiji

Se dice que, antes de morir, Yoritomo comunicó a sus allegados su deseo de construir en Kamakura una gran estatua de Buda, como expresión de su gran poder al rivalizar con el existente en Nara, a cuya ceremonia de inauguración de su reconstrucción asistió en 1195. Nunca pudo llevar a cabo este proyecto pero, tras su muerte en 1199, Inada, una de las damas de su corte pidió permiso para empezar a recaudar fondos y así poder construir el Gran Buda tan deseado por su señor. El poder entonces había pasado a la familia de la viuda de Yoritomo, Masako, miembro del clan Hōjō, y éstos dieron su beneplácito a la misión pero no quisieron contribuir económicamente porque ellos no eran seguidores de la secta Jōdō y preferían destinar su ayuda económica a la construcción de templos de la rama Zen, como el Kenchō-ji, en la misma Kamakura. Así, la Dama Inada hizo que un monje llamado Jōkō empezase a viajar por todo el país solicitando donaciones para levantar la gran estatua y, en 1238, se empezó por fin a construir, dándose por terminada tanto la estatua en sí como el edificio que la albergaba en 1243. El lugar elegido, en la zona oeste de la ciudad, también guardaba relación con la doctrina de la secta Jōdō, pues sus seguidores creen que el paraíso de la Tierra Pura se encuentra en algún lugar hacia el oeste.

Esta primera versión del Gran Buda de Kamakura estaba realizada en madera, pero tan sólo cuatro años después, tanto estatua como edificio fueron destruidos por una gran tormenta. Sería entonces cuando empezase a construirse la que podemos contemplar hoy, hecha de bronce, terminada en 1252. No sabemos la autoría del diseño original, pero sí que el maestro fundidor fue Tanji Hisa-tomo. Posteriormente, en 1369 y 1494, primero una gran tormenta y después un terremoto y el consiguiente tsunami, volverían a destruir el edificio, de unos 40 metros de altura, con lo que finalmente se optó por mantenerla al aire libre. En los siglos posteriores la figura se vio muy deteriorada por el paso del tiempo y el descuido, sobre todo porque Kamakura había dejado de ser la sede del gobierno hacía tiempo, hasta que en 1712 un monje llamado Yūten se embarcó en una nueva colecta para poder financiar su restauración y mantenimiento; la idea inicial incluía la construcción, nuevamente, de un edificio donde alojarla pero, por falta de financiación esto no pudo llevarse a cabo y, una vez más, la estatua permaneció al aire libre. Otras pequeñas restauraciones se han llevado a cabo desde entonces, como tras el gran terremoto de Kantō en 1923 o de forma preventiva para reforzar la estructura de cara a posibles terremotos futuros, en 1960.

Fotografía tomada por mí en agosto de 2004
Aunque, como he dicho anteriormente, desconocemos la autoría del diseño original, sí podemos decir que el estilo está claramente influenciado por el de la llamada Escuela Kei, del maestro Unkei, y se considera un ejemplo típico de escultura budista del periodo Kamakura. La gran estatua de bronce fue construida por partes, cada una de ellas fundida por separado y después unidas unas a otras, hoy día son visibles estas diferentes capas, especialmente desde el interior de la figura, al que los visitantes pueden acceder por un precio simbólico; es justamente desde dentro como mejor podemos apreciar la técnica de encaje de las distintas partes. El proceso de fundición está claramente explicado en un vídeo perteneciente a la página web del templo Kōtoku-in, aquí.

El Daibutsu (Gran Buda) tiene una altura total de 13’3m. contando la base y de 11’3m. sin ella, y un peso de 121 toneladas. El grosor varía dependiendo de la zona, pero va de los 3cm. a los 12cm. en las partes más gruesas. Hoy día, la figura presenta una característica pátina de color verde negruzco y se mantiene en buen estado; el Gran Buda de Kamakura se ha convertido, además, en una de las estampas más emblemáticas y reconocibles de Japón en todo el mundo.



Bibliografía

Eisenstadt, S. N. Japanese civilization. A comparative view. Chicago: The University of Chicago Press, 1996.

Tsuda, Noritake. A History of Japanese Art. From Prehistory to the Taisho Period. North Clarendon: Tuttle Publishing, 2009.

Varley, H. Paul. Japanese culture. Honolulu: University of Hawaii Press, 2000.




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