El conjunto escultórico de la Tríada Shaka, en el templo Hōryū-ji

Retomo el recorrido por la Historia Japonesa donde lo había dejado al hablar del periodo Kofun, entrando ya en la Edad Clásica. Como ya dije entonces, muchas veces se engloban estos dos periodos dentro de uno mayor llamado Yamato, al tomar como criterio la política y no la cultura, por decirlo así, pero yo me adhiero a la tendencia de separarlos por un hecho de tanta relevancia como es la difusión del Budismo.

La tradición suele tomar como inicio de este periodo el año 552, cuando se produce la llegada a Japón de las primeras estatuas y textos budistas. Obviamente, el Budismo ya era conocido en un país donde gran parte de la aristocracia, como la poderosa familia Soga, provenía de Corea, pero este año marcó un antes y un después. Fue entonces cuando Syong-Myong, el rey de Paekche, uno de los tres reinos en los que estaba dividida Corea, envió una serie de regalos al Emperador Kinmei para agradecerle el envío de tropas contra el reino enemigo de Silla, entre estos regalos se encontraba una estatua de Buda hecha de oro, plata y bronce, así como numerosos manuscritos con sutras escritos en sánscrito. Acompañando estas ofrendas incluyó también una nota en la que se explicaba la gran expansión del Budismo por toda Asia y la necesidad de que éste se difundiese también por Japón.

Desde hacía unas décadas, con la rebelión de Iwai (hablé de ella en “el periodo Kofun”) se había puesto de manifiesto que Yamato necesitaba un estado centralizado más fuerte, por lo que la corte se fijó en la forma en que en China se había utilizado la religión como fuente de legitimidad del poder del emperador. Así, a partir de 552 se empieza a pensar que quizá el Budismo podría servir para tal propósito, con lo que empieza un debate tanta religioso como político, pues la adopción o no de esta nueva religión afecta a toda la sociedad, mucho más de lo que podría pensarse, de ahí que su llegada marque la separación entre dos periodos. Hay que pensar que las familias más importantes de la élite de Yamato basaban su posición privilegiada en una supuesta descendencia de los kami sintoístas, algo que podía verse amenazado con la entrada en escena de una nueva religión, que por otro lado muchos veían como símbolo de una civilización más avanzada. El mayor enfrentamiento se dio entre la familia Soga, que defendía la adopción del Budismo, y las familias Mononobe y Nakatomi, de tipo conservador, quienes habían llegado a destruir algunos de los primeros templos e imágenes búdicas del país.

Llega a producirse un conflicto armado y, en 587, Soga-no-Umako derrota a sus adversarios y consigue la adopción oficial del Budismo, haciendo de paso que la familia Soga se haga con el poder de facto de Yamato durante las próximas décadas, controlando a la familia imperial y emparentándose con ella por la vía del matrimonio, un modelo que veremos repetirse a lo largo de la Historia Japonesa. Así, el mismo Soga-no-Umako colocaría en el trono a su sobrina, la Emperatriz Suiko, aunque en la práctica el poder lo ostentaría su regente, uno de los personajes más importantes de la Historia de Japón, el Príncipe Shōtoku.

El Príncipe Shōtoku, por Kikuchi Yōsai

Shōtoku (574-622), sobrino de la emperatriz y casado con una Soga, es la figura dominante en la corte desde 593 hasta su muerte, aunque se cree que la historia lo ha idealizado mucho y a veces es complicado saber qué hay de cierto en todo lo que se le atribuye. Se le considera el gran impulsor del Budismo, quien probó la gran utilidad de éste como eje del estado y de una sociedad estable y ordenada, proyectando una organización de las instituciones a la manera china, por influencia de la Dinastía Sui (581-618), y financiando la construcción de numerosos templos budistas. En el terreno político destacan dos medidas: la creación en 603 de un nuevo sistema de rangos cortesanos y, sobre todo, la promulgación en 604 de la conocida como Constitución de 17 artículos, un código ético de marcada influencia confuciana donde, por ejemplo, se establece un paralelismo entre la relación soberano-súbdito y la relación cielo-tierra.

A Shōtoku se le atribuye además un cambio en la forma en que Japón se relacionaba con el resto de países vecinos, especialmente con la poderosa China, cambio puesto de manifiesto con la carta que escribió en 607 a la corte de los Sui, que empezaba con el encabezamiento “Del soberano de la tierra del sol naciente al soberano de la tierra del sol poniente”, el emperador chino no contestó a esta misiva por considerar este inicio como una falta de respeto, al equiparar la importancia de ambos países. Así, se cree que fue entonces cuando empezó a utilizarse este nuevo nombre para el país, con los caracteres de “sol” y “raíz/origen”, leídos Nihon o Nippon en japonés. Como curiosidad, se cree que una lectura en chino, “Jihpen” sería la que acabaría llegando a Europa en el s.XIII a través de Marco Polo y acabaría derivando en las formas “Japan”, “Japón”, etc. Además, se cree que es Shōtoku quien adopta la terminología china, utilizando el término “emperador” o “hijo del cielo” para designar al soberano de Japón desde entonces.

El Príncipe Shōtoku fue apareciendo desde 1946 hasta 1969 en los billetes de 100, 1.000 y 10.000 yens, siempre el de valor más alto en cada época

El Príncipe Shōtoku muere en 622 y sólo cuatro años después lo hace Soga-no-Umako, con lo que se produce un gran vacío de poder que, como es habitual, lleva a un momento de gran inestabilidad y rivalidad política. El hijo de Shōtoku, Naka-no-Ōe, se alía con el clan Nakatomi con el fin de eliminar a la familia Soga del poder y llevar a cabo las reformas que su padre había planteado, en un momento en que el sistema chino ejerce una gran influencia en la corte a causa del ascenso de la poderosa nueva dinastía china, los Tang (618-907). En 645 Naka-no-Ōe y Nakatomi-no-Kamatari asesinan al heredero del clan Soga, llamado Soga-no-Iruka, nieto de Soga-no-Umako, provocando así el final de la influyente familia.

Nakatomi-no-Kamatari, por Kikuchi Yōsai

Así, con el camino despejado, sólo unos meses después, en 646, el Emperador Kōtoku, apoyado por Naka-no-Ōe y Nakatomi-no-Kamatari, pone en marcha la Reforma Taika (nombre un tanto redundante, ya que “taika” significa “gran cambio”). Esta reforma es uno de los grandes hitos de la Historia Japonesa, una completa reorganización política según el modelo chino, que en esta ocasión sólo voy a tratar de resumir brevemente: se abole la propiedad privada de los arrozales y se disuelven las comunidades llamadas be, bajo control de los jefes uji, que quedan muy debilitados; todos los recursos agrícolas pasan a pertenecer al emperador; se afirma la necesidad de establecer una capital permanente (hasta entonces era costumbre cambiarla de lugar cada poco tiempo); se defiende la división del país en provincias, distritos y aldeas; además hay que crear un exhaustivo censo de toda la población; se debe dividir y redistribuir la tierra de cultivo; se debe sistematizar la recaudación de impuestos; y se debe reorganizar las tareas y la financiación de las clases altas. Todas estas reformas se empezaron a llevar a cabo en las décadas sucesivas.

En esta época, además, pese a la adopción del Budismo, el emperador pasó a ser considerado como descendiente de Amaterasu, elevándose así a divinidad, en contacto directo con los dioses. De esta forma, la entrada de la nueva religión no fue necesariamente en detrimento de la religión autóctona, el sintoísmo, integrándose ambas sin problemas, como ha sucedido hasta la actualidad. Se empezaron a construir templos budistas por todo el país, por lo menos uno en cada provincia, con lo que el Budismo entró cada vez más en contacto con el pueblo.

A lo largo de todo el periodo Asuka, los japoneses realizaron numerosas expediciones a China, tanto a la de los Sui como a la de los Tang, en las que estudiantes, monjes y traductores hacían largas estancias en el país vecino antes de volver a Japón portando gran cantidad de información y conocimientos, por lo que estas expediciones fueron esenciales para el establecimiento del primer estado centralizado japonés. También tuvo gran importancia el gran número de refugiados llegados al país cuando, a partir de 663, uno de los tres reinos coreanos, Silla, conquistó a los otros dos, Paekche y Koguryo. Muchos de estos refugiados eran escribas, artesanos y artistas que contribuyeron enormemente al desarrollo del país. Casi todo el arte budista (escultura, pintura, arquitectura) de la primera mitad de este periodo fue producido por artesanos chinos y coreanos; de hecho, la mayor parte del arte chino y coreano de esta época se conserva únicamente en Japón.

El Salón Dorado y la Pagoda de Cinco Pisos, en el templo Hōryū-ji

Aunque hubo otros templos budistas anteriores, el más antiguo de los existentes (que es además el edificio de madera más antiguo del mundo) es el Hōryū-ji, al sudoeste de Nara, construido en 607 bajo el mecenazgo del Príncipe Shōtoku, aunque se quemó en 670 y tuvo que ser reconstruido en las siguientes tres décadas. Este templo guarda algunos de los grandes tesoros artísticos de Japón, como la estatua de Kudara Kannon, la de Yumedono Kannon (supuestamente dedicada a Shōtoku) o el imponente conjunto de la Tríada Shaka.

Tras la Reforma Taika el Budismo pasó a estar patrocinado oficialmente por la corte, lo que disparó la construcción de templos.

A su muerte en 669, Nakatomi-no-Kamatari recibiría del emperador un nuevo apellido con el que se iniciaría un clan, el Fujiwara, que sería importantísimo en la Historia de Japón desde ese momento a lo largo de muchos siglos. Por otro lado, el mismo Naka-no-Ōe pasaría a convertirse en el Emperador Tenji el año 661, cargo que ostentaría hasta su muerte, en 672. En ese momento, volvería a producirse un nuevo vacío de poder y una lucha por la sucesión, la llamada Disputa Jinshin, de la que saldría un nuevo emperador, Tenmu, hermano menor de Tenji. El Emperador Tenmu ocuparía el trono de 673 a 686 con una autoridad absoluta (algo poco usual), ejerciendo un gran poder militar sobre los uji, lo que le permitió una gran autonomía, más que suficiente para completar las reformas iniciadas por Shōtoku y Naka-no-Ōe/Tenji.

Naka-no-Ōe, convertido ya en el Emperador Tenji

Así, poco después de su muerte se establecería por fin una capital permanente en Nara, que daría nombre al siguiente periodo, un periodo regido por las medidas contempladas en la Reforma Taika. Pero de esto hablaré más adelante.


Bibliografía

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  • Varley, H. Paul. Japanese culture. Honolulu: University of Hawaii Press, 2000.


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López-Vera, Jonathan. “El periodo Asuka (1333-1336), la llegada del Budismo a Japón” en HistoriaJaponesa.com, 2012.