Tokio 2018

 

Entre el 4 y el 20 de abril de 2018 voy a estar en Tokio para trabajar en mi Tesis Doctoral, visitando algunos archivos y bibliotecas, teniendo reuniones de trabajo con mi co-director en la Universidad Keiō, y aprovechando las horas sin otros compromisos laborales o familiares para trabajar todo lo que pueda. No creo que cada día vaya a tener tiempo para actualizar esta sección, pero iré colgando aquello que considere que puede ser interesante.

18 abril – Otra biblioteca más y cambio inesperado de planes

La entrada del edificio principal de la Biblioteca de la Dieta Nacional

Las mañanas de ayer martes y hoy miércoles las he dedicado a consultar documentos de la biblioteca de la Dieta Nacional de Japón, que es como se llama el conjunto de las dos cámaras legislativas, la cámara alta o de consejeros, y la cámara baja o de representantes. Aquí, en lugar de un pase temporal de tres meses, de un mes o diario, como en las otras bibliotecas y archivos que he visitado, me han hecho un carnet de tres años de duración. He tenido que rellenar unos cuantos formularios para hacerlo, y como en alguno de ellos tenía que poner mi nombre pero escrito en katakana –uno de los silabarios japoneses, que suele usarse precisamente para transcribir palabras no japonesas–, mi apellido con este sistema de escritura queda escrito de forma que, al volverlo a pasar después a nuestro alfabeto, puede quedar tanto “Lopez” como “Lopes”, “Ropes” o “Ropez”, y ha sido este último el que me han impreso en el carnet, Jonathan Ropez. Nada, cuando me he dado cuenta he vuelto al mismo mostrador a decirlo, me han pedido mil disculpas, nos hemos reído y me han hecho uno nuevo al minuto.

La taquilla con las dos correas sobrantes cuidadosamente pegadas con celo

Una vez dentro, me he llevado dos sorpresas. La primera es lo que veis en la foto. Antes de entrar a las salas de consulta había que dejar en unas taquillas la chaqueta, mochila y demás objetos personales que no se pueden entrar, y resulta que cuando de alguna de estas taquillas alguien se había dejado alguna correa de la mochila por fuera, colgando, venía un vigilante que iba pasando de vez en cuando a echar un vistazo y las pegaba con un poco de celo a la puerta de la taquilla para que no molestasen a quien utilizase la taquilla de debajo. No importa cuántas veces venga a Japón, siempre me sorprenden con algo. Y después, una vez puestos en materia, me ha sorprendido mucho lo bien organizada que está esta biblioteca. En los nuevísimos y flamantes ordenadores en los que buscabas los documentos, dejabas tu tarjeta sobre un lector y se te abría tu perfil, en el que podías guardar la referencia de los documentos que te interesaban, hacer la petición desde ahí mismo, etc., todo de forma muy fácil. Ya había consultado e incluso descargado bastantes documentos de esta biblioteca antes de venir, porque además tienen muchos de ellos disponibles online, lo que siempre es muy de agradecer, pero algunos otros sólo estaban disponibles físicamente, por lo que ha valido la pena la visita.

Alrededores del Palacio Imperial, nunca había venido por esta zona de los jardines… y ahora que lo miro en el mapa, nos hemos dado un buen paseo, desde la estación de Jinbōchō hasta la de Yotsuya, no está nada mal

Ayer martes, al salir me pasé por Asakusa, uno de mis barrios favoritos de Tokio, a dar una vuelta y hacer algunas últimas compras, y después me fui al apartamento a trabajar. Hoy miércoles he acabado antes en la biblioteca, me he venido directamente al apartamento un rato, y por la tarde he vuelto a quedar con Héctor García para –como el viernes pasado– echar otro café, otro paseo y otra charla, con unos business incluidos. De nuevo, todo un placer, hay gente con la que da gusto hablar de lo que sea.

Justo al despedirme de él, he visto que tenía un SMS de Finnair, la compañía con la que vuelo de vuelta el viernes, así que de repente me han entrado los siete males porque, con la experiencia que tuve al venir con Air France, ya me espero cualquier cosa. Resulta que el vuelo Tokio-Helsinki tiene overbooking y pedían veinte voluntarios a los que no les importase cambiar su vuelo por otra opción, y a cambio te dan una compensación económica –bastante atractiva. He llamado para informarme y me han ofrecido una opción bastante buena con la que llego a Barcelona trece horas antes, haciendo también una escala y de la misma duración, tres horas. Pues venga, total, mañana no tenía planeado hacer demasiado, trabajar por la mañana y dejar todo listo –limpieza de apartamento, hacer maletas– por la tarde. Ahora haré todo eso por la mañana y después de comer me iré para el aeropuerto, y haré el trayecto Tokio-Hong Kong y Hong Kong-Barcelona. Así que mañana no escribiré ninguna entrada, supongo que haré una ya en casa el viernes para cerrar este pequeño seguimiento de este viaje.

16 abril – Cuatro días después, pero poco que contar

Con el gran Héctor

Así es, la última entrada es del jueves y hoy es lunes, pero no hay demasiado que explicar. El viernes por la mañana estuve tomando un café y dando una vuelta por el recinto del santuario Meiji, en Harajuku, con Héctor García, también conocido en el mundo japonófilo como Kirai, autor del blog del mismo nombre –clásico de los clásicos, funcionando desde 2004– y de unos cuantos libros sobre Japón. En persona sólo habíamos coincidido una vez, hace más de ocho años en una noche de cena y risas en Shibuya con unos cuantos individuos más como el ínclito traductor Marc Bernabé y otros. Una charla estupenda. Y ese viernes, poco más que contar, trabajando en casa.

La “puerta roja”, del periodo Edo, una de las entradas al recinto de la Universidad de Tokio

El sábado por la mañana seguí trabajando en casa, pero a partir de mediodía me lo di libre porque había quedado en Shibuya primero con dos buenos amigos de hace como catorce o quince años, con los que fui a comer y a hablar tranquilamente en un cafetería durante dos o tres horas; y después había quedado para cenar y dar una vuelta con algunos compañeros de cuando estuve aquí unos meses estudiando japonés hace más de ocho años. El domingo no había quedado con nadie y además hizo bastante mal día, así que lo dediqué a trabajar en casa.

Y hoy, lunes, he pasado la mañana en el Instituto Historiográfico de la Universidad de Tokio consultando unos documentos, ahora estoy en la biblioteca de la Keiō University porque me han traído un libro que les había pedido, y luego pasaré un rato por el apartamento antes de ir a cenar con unos amigos. Y mañana será otro día.

12 abril – De nuevo en la Keiō

Como el jueves pasado, hoy tenía que reunirme a mediodía con mi co-director, el profesor Asami, en la Keiō University, así que he aprovechado la tarjeta de acceso a la biblioteca que me hizo el otro día para ir a trabajar allí por la mañana. Tengo la universidad a unos 25 minutos caminando desde el apartamento, lo que en una megaciudad como esta, es nada y menos, así que he ido dando una vuelta. Desde una ventana de la biblioteca he visto la estatua del fundador de la universidad, Fukuzawa Yukichi, que no sabía dónde la habían puesto, porque la zona en la que está ubicada normalmente está actualmente en obras y la han trasladado temporalmente. Así que al salir para ir al despacho del profesor Asami me he acercado a verla y hacerle una foto.

La entrada por la que se accede al campus viniendo desde mi apartamento, no es la entrada antigua, que es la más famosa, pero tampoco está mal

La estatua –busto, para ser más exactos– de Fukuzawa Yukichi, temporalmente en este tranquilo rincón del campús

Los libros que me ha regalado mi co-director, una monografía sobre el incidente del San Felipe y dos catálogos de documentos japoneses que cubren los años de los que trata mi Tesis

Un poco de charla para ponerlo al día de lo que he estado haciendo desde el jueves pasado, y nos hemos ido a comer a un restaurante chino –sí, hay restaurantes chinos en Japón, claro, aunque aquí suelen ser bastante elegantes. Luego hemos vuelto al despacho del profesor, donde me ha seguido dando consejos para la Tesis y, para variar, he salido de allí con tres libros de regalo. Menos mal que, pudiendo volar con dos maletas, vine sólo con una y me traje además una mochila vacía, porque así al volver podré facturar la maleta y esa mochila, que irá llena de –entre otras cosas que me llevo– libros que me ha dado, como cada vez que he venido a Tokio en los últimos tres años. Creo que en la biblioteca de casa debería hacer una sección con todos esos libros y un cartelito donde ponga “donaciones del profesor Asami”. Realmente, estoy muy contento de que sea mi co-director, tengo mucha suerte. Y nada, luego me he dado otro paseo hasta mi apartamento, donde voy a pasar la tarde trabajando, como cada día.

11 abril – La Kirishitan Bunko

Hoy he vuelto a la Universidad Sophia, pero no a la biblioteca principal sino a la Kirishitan Bunko, una biblioteca específica de temas cristianos –esta universidad es católica, fundada por jesuitas– que está en el mismo edificio que la biblioteca principal… y en la principal también tienen libros y documentos cristianos, además de otros de todo tipo… es un poco confuso, pero bueno. Muchos de los documentos de esta biblioteca están disponibles online, por lo que la mayor parte del trabajo ya la tenía hecha desde casa, pero también quería consultar algunas otras obras. Me he estado allí toda la mañana y luego me he vuelto al apartamento, donde voy a seguir trabajando unas cuantas horas más.

La Universidad Sophia llegando desde Yotsuya

Mi mesa de trabajo hoy, sin guantes como ayer

Por el camino he pasado por el templo Sengaku-ji, donde están las tumbas de los 47 rōnin, porque ya dije que lo tengo al lado del apartamento y he pasado por delante muchos días, pero aún no había entrado. A ver, lo visito casi siempre que vengo a Tokio, el pasado mes de noviembre, sin ir más lejos, pero bueno, ya que está ahí, pues he vuelto a ir. Y nada más por ahora, mañana toca trabajar en la Keiō, pero eso ya lo explicaré mañana.

El Sengaku-ji

Estatua de Ōishi Yoshio a la entrada del templo

10 abril – Entrando en materia en la Universidad Sophia

La entrada de la biblioteca

Bueno, hoy el resfriado me ha dado un poco de tregua, aunque no se ha ido del todo, por lo que hoy –con mi reglamentaria mascarilla al más puro estilo japonés– sí he ido hasta la Universidad Sophia a buscar unos cuantos documentos. Lo primero que me he encontrado al llegar ha sido mucho ambiente, estaba lleno de estudiantes vestidos de mil formas distintas. El curso empezó la semana pasada, y se ve que hoy hacían como una especie de feria de las asociaciones de la universidad, y estaba lleno de mesas donde cada asociación o club se promocionaba para atraer nuevos miembros. Por eso veías a gente con el uniforme del equipo de béisbol, el kimono de kendō, de kyūdō, o de jūdō, el uniforme de cheer-leader, la gente de la orquesta de la universidad o los del club de música rock, unos que tenían un club de frisbee, y así una lista muy larga de ellos, había para todos los gustos.

Los documentos que he estado trabajando hoy, sobre todo el libro grande

Una vez dentro de la biblioteca, me he identificado para poder entrar –ya hice las muchas gestiones necesarias hace como un mes– y me tenían ya preparados unos documentos que había pedido. Eficiencia. Y nada, me he estado unas ocho horas ahí sentado leyendo y apuntando datos y fragmentos, porque está prohibido hacer fotos, escanear o fotocopiar este tipo de documentos antiguos. A mediodía he parado para comer y he vuelto a comprobar lo bien y baratísimo que se come aquí en las universidades, es alucinante. Por la tarde ha habido un momento muy curioso cuando, estando ahí enfrascado en lo mío, de repente oigo que alguien a mi lado me habla en catalán. Alguien que me ha venido a hablar porque ha visto el lazo amarillo de la solapa de mi cazadora –¡Libertad presos políticos!–, que estaba colgada del respaldo de mi silla. Resulta que es un profesor valenciano de esta universidad, hemos estado un rato hablando, muy agradable. Qué cosas… bueno, la otra noche en un bar de Shibuya un tipo me reconoció de cuando hace cosa de cinco años salí cuatro o cinco veces en un programa de televisión japonés, que también me dejó con la boca abierta. Total, que luego ya me he venido al apartamento a seguir trabajando, que es lo que haré en las tres o cuatro horas siguientes, y mañana volveré a ir a Sophia.

Página 1 de 212