Mientras preparo un artículo sobre el siguiente periodo histórico que nos toca, comparto esta reseña que escribí hace poco. De hecho, ya dije al hablar de El libro de la almohada que de vez en cuando quiero incluir reseñas en el blog, ya sea de películas, libros o cualquier otra cosa relacionada con la Historia Japonesa, centrándome justamente en ese aspecto y no en su calidad cinematográfica o literaria, este blog no va de eso. Iré haciéndolo de vez en cuando, alternando con artículos más, digamos, serios.

The Last Samurai de Edward Zwick, una película épica sobre un veterano de la Guerra Civil Americana que se ve envuelto en una especie de rebelión guerrera contra el progreso imparable  del mundo, en un contexto que le es completamente ajeno, Japón. Allí descubre una noble causa perdida y ajena por la que luchar que, de paso, le ayudará a cerrar sus propias heridas. Eso es esta película en cuatro líneas, explicada breve y objetivamente.

¿Qué opino yo de esta película? Lo primero, que es una película. Puede parecer obvio, pero a veces se olvida. Como película que es, le pido lo que a todas: que durante apenas un par de horas me entretenga, que me divierta o me dé miedo o me haga reír o me emocione o me haga pensar un poco. Y esta película lo hizo, tanto la primera vez, en el cine la semana de su estreno, como las demás veces que la he visto, en casa, con la edición especial de dos discos que compré cuando salió a la venta. No entiendo casi nada de cine, ni falta que hace, entiendo de cosas que me gustan y de cosas que no. Esta película tiene un poco de todo, es una aventura con ese tinte de revuelta tan suicida como justa, muy en la onda de otras cintas como Braveheart, The Last of the Mohicans e incluso 300, los actores me resultan convincentes, incluido Cruise, y se han molestado en elegir un gran elenco “local”, con el enorme Watanabe Ken y la elegante Koyuki, pero también con muchos secundarios veteranos en la industria del cine de samurais japonés.

Dejemos ahora de lado el aspecto más, digamos, lúdico del film. ¿Qué opino yo de esta película desde un punto de vista histórico? De entrada, celebro que cualquier película se base en hechos históricos, lo haga mejor o peor. Si alguien se inspira y, sentado en una sala de cine, entre palomita y palomita, se siente atraído por la Historia, algo habremos conseguido. Sería hipócrita por mi parte opinar de otra forma al respecto, porque mi interés por la Historia de Japón surgió de ver una serie de televisión siendo niño (luego hablaré de ella), no fue porque me cayese del cielo un tomo de la Cambridge History of Japan. Esta película está basada en la Rebelión de Satsuma, o Guerra del Sudoeste, como se la conoce en Japón, un alzamiento militar encabezado por Saigō Takamori, líder del feudo de Satsuma.

¿Es fidedigna y ajustada a la realidad? No, pero tampoco lo pretende, por eso, por ejemplo, los nombres han sido cambiados y Saigō ha pasado a ser Katsumoto. Obviamente, tampoco hubo ningún americano cabalgando a su lado en el campo de batalla, Nathan Algren, el personaje interpretado por Tom Cruise, está tan metido con calzador en toda esta historia como si se hubiese tratado de un extraterrestre del planeta Neptuno, no está basado en ningún personaje de la Historia Japonesa. O sí, me atrevo a decir que está basado en otro personaje de ficción que, éste sí, está basado en un personaje real de la Historia Japonesa: el capitán John Blackthorne, versión ficcionada del marino inglés William Adams. Y aquí es cuando vamos, brevemente, a esa serie que me inspiró de pequeño: Shōgun, adaptación de la novela homónima de James Clavell. Edward Zwick no hace ninguna referencia a esta serie en el extenso Making Of, pero los parecidos son más que evidentes para cualquiera que haya visto la serie. La historia de Blackthorne, o Adams, sucede casi trescientos años antes de la de Algren, pero ambas coinciden en darse en dos momentos igualmente convulsos y trascendentales de la Historia de Japón: la primera a finales del periodo Azuchi-Momoyama, justo antes del periodo Tokugawa; y la segunda a principios del periodo Meiji, justo después del periodo Tokugawa. Dos momentos en los que nos encontramos a un occidental, más fuera de lugar que un pulpo en un garaje, jugando un papel de gran importancia en unos sucesos que le son ajenos y que cambiarán el país, Japón, para siempre. Y no sólo las líneas generales son muy similares, hay escenas más que sospechosamente parecidas. Pensemos que es un homenaje.

Pero, aunque lo parezca, The Last Samurai no es la historia de Algren, es la historia de Katsumoto. La película simplifica mucho los hechos, la rebelión se nos presenta como una batalla entre un Japón tradicional repleto de valores y un Japón moderno abducido por la codicia mercantilista. Algo de ello hubo, está claro, pero esa misma batalla podría ser descrita también como una lucha entre un Japón feudal, cerrado y atrasado, y un Japón avanzado, abierto y progresista. Como siempre, depende de quién lo cuente. Pero no sólo eso, la Rebelión de Satsuma no fue únicamente cuestión de modernizarse o no modernizarse, que es como nos la presenta la película, con samurais luchando con espada y lanza contra soldados con fusiles y cañones ametralladores. Los mismos samurais utilizaron armas de fuego en las guerras civiles del periodo Sengoku, trescientos años antes, uno de los motivos por los que Oda Nobunaga se alzó inesperadamente sobre el resto de daimyō fue su interés por incorporar los arcabuces españoles y portugueses, así como novedosas técnicas de relevos con los mismos en el campo de batalla. Pero es más romántica la visión del guerrero que rechaza las armas modernas y prefiere morir con una espada en la mano, es evidente.

Lo que sabemos, abreviando bastante, es que Saigō Takamori, señor del feudo de Satsuma, en la sureña isla de Kyūshū, había sido uno de los líderes que ayudaron a provocar la caída del debilitado shōgunato Tokugawa y la llegada del periodo Meiji. Pocos años después, asqueado con la deriva que estaba tomando el nuevo gobierno, apartando cada vez más a la clase samurai del lugar privilegiado que había ocupado durante siglos y negando su propuesta de una guerra con Corea, decidió establecer en su feudo una especie de estado dentro del mismo estado japonés. Allí, en Satsuma, permanecieron vigentes los derechos de la clase guerrera, completamente ajenos a los cambios que se iban llevando a cabo en el resto del país. Finalmente, en 1877, Saigō decidió dar comienzo a una marcha hacia Tokio, reuniendo a medida que avanzaba a cerca de 40.000 guerreros. El gobierno envió a su vez un número mayor aún de soldados, parte de su nuevo ejército, formado no por guerreros de casta hereditaria sino por simples campesinos reclutados a la fuerza y armados con la nueva tecnología adquirida a las potencias occidentales. Lejos de la imagen que da Katsumoto en la película, Saigō vestía su uniforme imperial, al estilo del ejército francés y, en eso sí coinciden ambos, proclamaba luchar por el Emperador, no en su contra. Tras seis meses de batalla, no la mañana que transcurre en la historia de Zwick, las tropas de Satsuma se vieron frenadas por el ejército del gobierno y Saigō, fiel a lo esperado, se abrió el vientre en el campo de batalla al estilo tradicional samurai, aunque al respecto circulan otras teorías.

Saigō Takamori es, sin duda, una de las figuras más románticas de la Historia Japonesa y gozó desde su muerte de la admiración de todo el pueblo japonés, tanto es así que el mismo gobierno Meiji se vio moralmente obligado a perdonarle doce años después e incluso le erigió una estatua que aún hoy puede admirarse en el parque de Ueno, en Tokio. Suele considerársele “el último samurai”, pues la caída de su rebelión marca sin duda el final del dominio de esta clase guerrera, que había empezado setecientos años antes. Ese mismo apelativo se le da a menudo a otra figura contemporánea, el General Nogi, quien curiosamente había luchado siendo joven contra las tropas de Saigō en la Rebelión de Satsuma, pero todo esto ya forma parte de otra historia.

En definitiva, en mi opinión estamos ante una buena película, buena sin más: nos hará pasar un buen rato ante la pantalla y, aunque no estaremos asistiendo a ningún seminario de Historia Japonesa, sí nos proporcionará un acercamiento a la atmósfera del momento histórico que retrata, algo que, viendo gran parte de la oferta cinematográfica con la que compite, está más que bien.


Bibliografía

  • Bolitho, Harold. Japón Meiji. Torrejón de Ardoz: Ediciones Akal, 1991.

  • Buruma, Ian. Inventing Japan, 1853-1964. Nueva York: The Modern Library, 2004.

  • Clavell, James. Shogún. Madrid: Punto de lectura, 2006.

  • Gordon, Andrew. A modern history of Japan: from Tokugawa times to the present. Nueva York: Oxford University Press, 2003.

  • Jansen, Marius B. The making of modern Japan. Cambridge (EE.UU.): Harvard University Press, 2000.

  • Jansen, Marius B., ed. The Cambridge history of Japan, vol. 5, the nineteenth century. Cambridge (Reino Unido): Cambridge University Press, 1989.


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López-Vera, Jonathan. “’The Last Samurai’, Katsumoto vs. Saigō” en HistoriaJaponesa.com, 2012.