La globalización no es en absoluto un fenómeno reciente y la mayor parte del planeta ha estado en contacto de una u otra forma desde tiempos antiguos, lo sabemos, pero pese a ello, no dejan de sorprender las historias de individuos que, hace siglos, aparecían un buen día en un entorno muy diferente al suyo, causando gran extrañeza a la gente del lugar. Es lo que nos atrae de historias como las de Marco Polo, o como la Embajada Keichō y los samuráis que se quedaron a vivir en Sevilla. Hoy hablaremos de otro ejemplo, más curioso todavía, el de Yasuke, un africano que a finales del siglo XVI se convirtió en el primer samurái occidental.

La Compañía de Jesús, además de participar activamente en el comercio de mercancías entre Europa, China y Japón en los siglos XVI y XVII, tomó parte en un comercio también común en su época pero desde luego mucho más criticable desde la nuestra, el de esclavos –aunque no suela hablarse demasiado de ello. Cuando Alessandro Valignano (1539-1606) llegó a Japón en 1579, una de las personas que le acompañaban era un esclavo africano, de Mozambique según las crónicas de los jesuitas, que medía cerca de un metro y noventa centímetros, y que trabajaba al servicio de los sacerdotes bajo esa condición, la de esclavo. Cuando Valignano viajó a Kioto en 1581 lo llevó consigo, y su presencia causó tal sensación y asombro que la noticia acabó llegando a oídos de Oda Nobunaga (1534-1582). Así, el poderoso daimyō envió un mensaje a los jesuitas pidiéndoles que fuesen a verle y llevasen con ellos a esa persona de color negro de la que todo el mundo hablaba. La visita se produjo el 23 de marzo de ese mismo 1581 según las crónicas japonesas, que describen al esclavo como un joven de unos veinticinco años, de apariencia sana, muy fuerte, con todo el cuerpo de color negro “como un buey” y dicen además que hablaba algo de japonés. Nobunaga quedó impresionado por su apariencia, hizo que se desvistiese hasta la cintura y ordenó a unas criadas que frotasen su piel con toda clase de jabones, aceites y ungüentos para comprobar que ese color era natural y no alguna clase de tinte o pintura. Una vez estuvo seguro de que el portento era real, pidió a los jesuitas que el joven se quedase con él, a lo que los religiosos –a quienes interesaba mucho llevarse bien con quien era ya gobernante de la mayor parte del país– accedieron, “regalándoselo”.

En los cuadros que retratan la llegada de los portugueses a Japón es muy común ver imágenes como esta, donde criados/esclavos negros portan cajas o atienden a caballeros o jesuitas

El nombre que se le dio fue Yasuke, hasta hace poco se ignoraba el motivo pero muy recientes investigaciones llevadas a cabo en Japón afirman que su nombre real era Yasufe, y desde ese momento acompañó siempre a Nobunaga como una especie de guardaespaldas. Cabe destacar que a partir de entonces ya no fue un esclavo, puesto que estando al servicio del daimyō recibía un sueldo y las mismas comodidades que el resto de vasallos, llegando a concedérsele la condición de samurái e incluso compartiendo mesa en ocasiones con el mismo Nobunaga, un privilegio que muchos de sus vasallos de confianza no tenían. Se sabe que estuvo al lado de su señor en el Incidente Honnō-ji, luchando contra los hombres de Akechi Mitsuhide (1528-1582), y que pudo escapar con vida, pudiendo llegar a donde se alojaba el hijo de Nobunaga. Cuando éste fue también atacado, de nuevo luchó como uno más, con la única diferencia de que, cuando se vieron derrotados, él no cometió seppuku como muchos de sus compañeros sino que se rindió ante el enemigo. Akechi decidió perdonarle la vida, aunque parece que no por misericordia sino por desprecio, afirmando que Yasuke era más un animal que un hombre, por lo que no se le podía considerar un samurái y, por tanto, no tenía una responsabilidad que tuviese que pagar con su vida, como se esperaba de un samurái al ser derrotado. Así, fue devuelto a los jesuitas y a partir de ese momento la historia le perdió la pista, aunque se cree que acabó volviendo a su tierra. Muchas veces se atribuye al marino inglés William Adams (1564-1620) la condición de ser el primer samurái occidental, pero Yasuke se le adelantó por unos cuantos años.

Portada y contraportada del Kurosuke de Kurusu Yoshio

La historia de Yasuke es uno de esos casos en los que sorprende –por lo interesante y única– que no haya sido llevada a la ficción en más ocasiones. El escritor japonés Kurusu Yoshio (1916-2001) lo hizo en 1968, con un cuento infantil llamado Kurosuke –“kuro” significa “negro” en japonés– que tuvo una gran repercusión en Japón en su momento. Este cuento es bastante fiel a los hechos originales, a diferencia del anime Afro Samurai, que no está realmente basado en la historia de Yasuke, sino tan sólo inspirado en ella, básicamente al usar la idea de un samurái negro. Por último, este año 2017 se ha sabido que un estudio de Hollywood, Lionsgate Films, está interesado en producir una película sobre Yasuke… lo que puede ser tanto una buena como una mala noticia, veremos.


Bibliografía

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López-Vera, Jonathan. “Yasuke, el samurái negro que llegó de África” en HistoriaJaponesa.com, 2017.