Diario de Ise

Entre el 23 de febrero y el 14 de marzo de 2015 he estado en la ciudad de Ise, prefectura de Mie, para hacer un curso de tres semanas sobre cultura e historia japonesa en la Kogakkan University, invitado por ésta y por el ayuntamiento de Ise. Prometía ser una experiencia de lo más interesante, nunca había estado en esta ciudad y estaba deseando hacerlo. Una de las tareas que debía cumplir como parte de este curso era la de ir explicando en internet –ya fuese en redes sociales, un blog o una web– las actividades que fuera haciendo y lo que fuera aprendiendo, así que en mi caso qué mejor lugar que HistoriaJaponesa.com para ello. O sea que cada día fui colgando un pequeño resumen de lo que iba hecho, con algunas fotos, en este mismo lugar. Espero que os parezca tan interesante como a mí.

27 febrero – Uno de los sitios más bonitos en los que he estado nunca

Así de sencillo, no se me ocurría un título más acertado. Pero empecemos por el principio, al llegar esta mañana a clase nos hemos encontrado con tres periódicos de ayer en los que aparecíamos con nuestras vestimentas de sacerdotes shintō, y en uno de ellos salía la pequeña entrevista que dije que me hicieron el martes, nos ha hecho bastante gracia, aquí al lado os dejo una foto.

Acto seguido hemos empezado la clase, hoy teníamos dos horas con el profesor Kawano, la primera ha sido acerca del Budismo en Ise, porque aunque esto es algo así como el Vaticano del Shintō, también hay lugar –aunque sea menor– para el Budismo. Estas dos religiones conviven tranquilamente la una con la otra, en parte gracias a que el Shintō no es un religión tal y como lo entendemos, y a lo largo de la historia han llegado incluso a fusionarse en cierto modo. Con la llegada del periodo Meiji en 1868 ambas doctrinas se separaron por ley, y en Ise la mayoría de lugares de culto se dedicaron al Shintō. Hemos estado repasando datos sobre el número de creyentes de cada doctrina –la mayoría de japoneses se consideran seguidores de ambas– y de otras religiones, las diferencias de términos al hablar de una o de otra –no sólo entre santuarios y templos, muchos otros términos son distintos–, etc. Y como ejemplo de sincretismo, el profesor Kawano nos ha enseñado una foto de un rincón de su propia casa donde en dos metros cuadrados conviven un pequeño altar shintō donde se reza a los kamis y uno budista donde se rinde homenaje a los antepasados.

Después de la pausa, hemos analizado el templo al que iríamos después de comer, el Kongōshō-ji, en el monte Asama. Esta montaña es la más alta de toda esta zona, con 555 metros, y en el periodo Edo era una de las más famosas del país. Desde su cima, en un día muy claro, se puede ver el Fuji, pese a estar a más de 150 kilómetros de distancia. En cuanto al templo, fue fundado en el año 825 por el famoso monje Kūkai –o Kōbō-Daishi– (774–835), pertenece a la escuela zen Rinzai, y es de los pocos en los que se sigue rindiendo culto tanto a Buda como a Amaterasu.

Tras calmar el hambre con un generoso plato de ramen en el comedor de la facultad, el pequeño autocar de la universidad nos ha recogido para llevarnos al monte Asama. Hoy no llovía, por suerte, pero en la cima de la montaña –desde la que había unas bonitas vistas de Ise y de su bahía– hacía un viento absolutamente gélido. Nada más entrar hemos visitado un pequeño pero bastante impresionante museo del templo, que contiene algunas piezas consideradas tesoros nacionales, como una katana que perteneció a Minamoto Yoshitomo –padre de Yoritomo–, una estatua del periodo Heian que representa a Amaterasu como una adolescente, un documento escrito a mano por el mismo Toyotomi Hideyoshi, varios espejos de bronce del periodo Heian, y muchas otras interesantes reliquias que vale la pena venir a ver. El amable monje que nos ha hecho la visita por el museo se ha prestado a acompañarnos por el templo, para lo cual ha cerrado el museo, ni más ni menos.

La katana –o, más concretamente, el tachi– de Minamoto Yoshitomo… impresionante

La escalera que da entrada al templo Kongōshō-ji

El Taikobashi y su estanque, una estampa de postal

Y el templo es, sencillamente, maravilloso. Sé que el otro día comenté lo mucho que me había impresionado el Santuario Interior, y es verdad, pero lo de este templo es una historia distinta. El Santuario Interior impresiona sobre todo por lo amplio de los espacios, lo gigantesco de los árboles, lo limpio y perfecto que es absolutamente todo, allá donde mires, lo sencillo de las formas… es muy shintō, sin más. En cambio, este es un templo relativamente pequeño, no hay nada cuya grandeza te deje sin aliento, pero es que es precioso, pongo unas cuantas fotos que espero que os sirvan para haceros una idea. Nada más entrar por la puerta principal, al final de unas escaleras –la que se ve en la primera foto del templo– llegamos a un pequeño espacio con un estanque y un puentecillo rojo, el Taikobashi, y parece realmente una postal. Al fondo encontramos otras escaleras de piedra que nos llevan al edificio principal del templo, que nuestro amigo el monje nos ha abierto para que pudiéramos entrar dentro y ver la detalladísima decoración y las figuras que se guardan aquí… aunque en este espacio nos ha pedido que no hiciésemos fotos.

La puerta Gokurakumon

El monje que nos ha hecho de guía

Paseando por una calle que sale de su puerta acabamos llegando a la Gokurakumon, una puerta por la que en teoría se accede a la Tierra Pura del Buda Amida. Pasada esta encontramos un largo sendero de piedra que te puede dejar bastante impresionado. A ambos lados vas encontrándote con pequeños monumentos funerarios de piedra, algunos muy antiguos y cubiertos de musgo, otros nuevos y relucientes; y largas tablas de madera –algunas altísimas– llamadas sotoba, repletas de caracteres en sánscrito y japonés, que sirven para rogar por las almas de personas fallecidas… sobrecoge bastante ver, aquí y allá, objetos personales colgados en algunas de ellas, como una corbata, unas gafas, una gorra, un reloj, o incluso un muñeco de Winnie the Pooh, como se puede ver en una de las fotos. También nos han enseñado algunas que colocan los pescadores de la zona, una cada mes, para rogar por las almas de los peces que pescan… y os informo de que para poner estas tablillas hay que pagar una cantidad al templo, mayor cuanto más grande sea la tabla. Al final de este camino encontramos otra pequeña zona abierta con algunos edificios menores, donde destacan numerosas estatuíllas de jizō, estos bosatsus protectores de los niños a los que suele colocarse un gorrito de lana roja.

Y, desde ahí, toca volver siguiendo el mismo camino, lo que tampoco molesta demasiado, la verdad, aunque haga un viento helado como ha sido el caso, porque el sitio es único. Hemos bajado la montaña en nuestro querido pequeño autocar –hoy más querido que nunca por su calefacción– y hemos ido directamente al Kaikan, el edificio en el que nos alojamos. Un par de horas de descanso y el mismo autocar nos ha pasado a recoger para ir a cenar fuera, que es viernes por la noche, a una cervecería donde nos hemos puesto de comer hasta las orejas –y de beber, obviamente, que para eso era una cervecería… aunque yo no bebo.

Mañana no tenemos clase, pero sí algunas actividades interesantes, así que mañana también habrá entrada. El domingo no, es el único día libre de estas tres semanas y me lo voy a tomar al pie de la letra.


28 febrero – Todo muy Heian

Hoy es sábado, pero eso no quiere decir que no haya nada que hacer, porque aunque no tenemos ninguna clase como tal y ni siquiera pasaremos por la universidad, nos han preparado unas cuantas actividades interesantes. Ha venido a buscarnos un autocar del ayuntamiento, concretamente de la Asociación de Turismo de Ise, cuyos representantes nos han hecho hoy de guías. La primera parada ha sido Wakamatsuya, una pequeña factoría con más de un siglo de historia haciendo todo tipo de alimentos con pescado procesado. Y nos han enseñado a hacer una de sus especialidades, el kamaboko, una especie de surimi que suele ponerse, por ejemplo, en el ramen, normalmente en forma de media luna blanca con el borde de un rosa intenso. Un trabajador de la factoría nos ha mostrado cómo había que amasar la pasta de surimi y darle forma, con ayuda de una larga pala metálica y un trocito de madera. Mientras nuestras obras de arte se cocinaban, con algo más de surimi hemos hecho una especie de brochetas que luego se han tostado al fuego, en una de las fotos al final tenéis el resultado. Pero no sólo hemos podido comer lo que hemos preparado nosotros mismos, nos han ofrecido unos vasos de té y un picoteo de todos sus productos –me quedo con una pasta de calamar que iba rellenando al propio calamar, muy buena.

Después el autocar nos ha llevado al Itsukinomiya, un pequeño museo que tiene la característica de que todo se puede tocar y experimentar, hay una especie de palanquín donde te puedes subir, distintos juegos, kimonos que te puedes probar, etc., además de una gran colección de muñecas y otra de telares, todo relacionado con el periodo Heian. Al salir del museo, cruzando la calle, nos han llevado a un restaurante donde nos esperaba una pequeña sorpresa, porque la comida estaba preparada en unas curiosas bandejas montadas sobre unos palanquines y, tal y como nos ha explicado el cocinero, el menú se había preparado conjuntamente con un historiador para asemejarse lo máximo posible a lo que se comía en la corte Heian. Pues si es verdad que comían así, os aseguro que no comían mal.

Con el estómago lleno al estilo Heian hemos visitado el Museo Histórico Saiku, también dedicado sobre todo a ese mismo periodo. Con el nombre de Saiku se conoce a la residencia oficial de la sacerdotisa del Gran Santuario de Ise, conocida como saiō, quien representaba allí al Emperador y, de mediados del siglo VI a finales del XIV, era siempre una hija suya. En el museo primero nos han puesto un vídeo en una pequeña sala de cine, una recreación de la vida de una saiō del periodo Heian, y después hemos podido ver los objetos que allí tienen, réplicas en su mayor parte, que te explican como era la vida en la residencia de esta sacerdotisa.

El pequeño kofun

Saliendo del museo lo primero que hemos visto ha sido un pequeño kofun –aunque los kofun, incluso los grandes, no impresionan demasiado si se ven desde el suelo–, antes de empezar una visita al yacimiento del Saiku propiamente dicho, que está prácticamente en el terreno que separa a estos dos museos que hemos visto hoy. El yacimiento está en proceso, y sobre todo lo que hay es distribuido el espacio que ocupaban los distintos edificios, además de una maqueta bastante grande de todo el complejo y prados de una muy olorosa flor amarilla cuyo nombre desconozco –aunque no sé si esto forma parte del proyecto.

Para acabar por todo lo alto, hemos llegado a una zona en la que están reconstruyendo, a escala real y justo donde estaban, ni un palmo arriba ni un palmo abajo, tres de los edificios del Saiku, como los de la maqueta de una de las fotos. Ha sido una gran experiencia poder entrar en las obras –ataviados todos con un casco– y ver de cerca el trabajo de reconstrucción, que se hace utilizando sobre todo ciprés japonés y técnicas tradicionales, pese a lo contemporáneo del andamiaje. El principal de los tres edificios está previsto que se acabe en septiembre de este año y se utilizará para distintos eventos tradicionales como representaciones de teatro .

Realmente Ise está poniendo un gran esfuerzo y recursos en mantener, recuperar y dar a conocer su patrimonio histórico –una prueba de ello es este mismo programa de estudio en el que estoy participando–, da gusto ver a administraciones preocupadas por temas así. En fin, después de esta última visita el autocar nos ha dejado en “casa” y el resto de la tarde y noche la hemos dedicado a lo que hay que dedicar un sábado, pero eso es otra historia.


01 marzo – Día libre

Impresionantes

No hay mucho que contar, porque no he hecho nada que tenga que ver con la Historia o con mi investigación o estudios –como tiene que ser en un día libre, por otro lado. Ha sido bastante mala suerte que el único día libre de estas tres semanas haya estado lloviendo desde antes de amanecer y hasta las seis de la tarde, pero aún y así lo he aprovechado bastante. Sobre todo en el aspecto gastronómico, con la visita a Misuzu Gyōza, un pequeñísimo restaurante donde, según había leído antes de venir, hacen las mejores gyōzas de la ciudad; como fan acérrimo de estas pequeñas empanadillas, tenía que comprobarlo, y puedo decir que han entrado directamente a mi Top3. Y esto lo cuento porque, pese a quedar fuera del tema de esta web, os quiero dar otro motivo –importante– para visitar Ise.


02 marzo – Clases varias

El Kogakkan Kaikan, edificio donde nos alojamos, al caer la tarde

El día de hoy ha sido muy intenso desde un punto de vista académico, porque hemos tenido cuatro clases muy interesantes, pero como no hemos salido de visita a ningún sitio, me temo que hoy no tengo fotos tan atractivas como en días anteriores.

La primera clase del día ha tratado el tema de los japoneses y la religión, a cargo del profesor Shirayama, centrándonos sobre todo en el periodo Edo (1600-1868) y posteriores. Motoori Norinaga ha aparecido varias veces a lo largo de la clase, y eso siempre es una buena noticia. Se ha hablado mucho del sincretismo típico japonés y de los motivos por los que el Shintō no es una religión como tal, o de conceptos como “justicia” vistos desde distintas perspectivas dependiendo de la religión.

A continuación, hemos tenido una clase sobre mitología japonesa con el profesor Hashimoto, en la que hemos tocado bastantes temas, relacionados principalmente con los mitos que se recogen tanto en el Kojiki como en el Nihon Shoki, pero también con algunos cuentos tradicionales japoneses, como los de Momotarō o Urashima Tarō. Se ha hablado de lo incorrecto que resulta traducir “kami” como “dios”, o el origen de los nombres de varios importantes kamis. Especialmente interesante ha sido la comparación entre el mito japonés de Izanagi y el mito griego de Orfeo –en el momento en que ambos pierden a sus esposas–, hemos descubierto que, sorprendentemente, ambos mitos guardan muchas similitudes. En general, el enfoque de esta clase ha sido bastante antropológico, incluso han aparecido Claude Lévi-Strauss y Ruth Benedict en algún momento.

Tras la siempre reconfortante visita al comedor de la universidad, he pasado por la biblioteca de la universidad y me he llevado tres libros sobre la relación de Portugal y los jesuítas con Japón en los siglos XVI y XVII, para escanear algunas partes, porque estos días no tendré tiempo para echarles un vistazo.

Después nos quedaban aún dos clases más, la primera sobre el dialecto de Ise, con el profesor Saitō, donde hemos hablado de las diferencias y particularidades del japonés que se habla aquí con respecto al japonés oficial –el de Tokio, también conocido como “japonés de la NHK”. El dialecto de Ise se incluye en el mismo grupo que el llamado “Keihanshiki akusento”, o acento de Kioto y Osaka. Realmente se trata más de un tema de acento y entonación que otra cosa, desde que estoy aquí sólo se lo he notado a alguna gente mayor, es bastante complicado entenderlos… bueno, a mí a veces me cuesta mucho entender a cualquier japonés, pero vaya, que a algunos ancianos de aquí mucho más todavía. El profesor nos ha contado una diferencia curiosa: en japonés no sólo tienen una palabra para decir “pasado mañana” (asatte), también tienen una para decir “el día después de pasado mañana” o “dentro de tres días” (shiasatte); bien, pues aquí a ese día de dentro de tres días le llaman sasatte, mientras que al día de dentro de cuatro días –que en japonés de Tokio no tiene un nombre– le llaman shiasatte… con lo cual, se pueden dar equívocos como que una persona de Tokio quede dentro de tres días (shiasatte) con una persona de Ise y ésta se presente un día tarde a la cita por haber entendido que habían quedado cuatro días más tarde. Curioso.

El libro y el librito del profesor Hikatsu

Y la última clase del día trataba de la relación entre Ise y la literatura clásica japonesa, a cargo del profesor Hikatsu, en la que hemos hablado, por ejemplo, de los orígenes de la literatura japonesa –muy influenciada en un principio por la china–, sobre todo en lo relativo a la poesía. También hemos repasado la estructura de cinco versos de 5, 7, 5, 7 y 7 sílabas, típica de la poesía japonesa, que aparece ya reseñada en el Kojiki y en recopilaciones como el Man’yōshū. El profesor nos ha traído un par de copias del periodo Edo de una recopilación poética, una era de un tamaño, digamos, normal, y la otra de bolsillo –muy de bolsillo. Al final hemos repasado algunos haiku famosos de Matsuo Bashō, algunos de ellos relacionados con Ise.

De esta forma ha acabado la jornada en la universidad, el resto de tarde lo he dedicado a hacer algunas compras y otras tareas del día a día. Mañana y hasta el jueves volveremos al esquema de dos clases antes de comer y excursión por la tarde, con lo cual podré poner más fotos… con atención especial a las de mañana, que son de las más esperadas.


03 marzo – Hina Matsuri y Meoto Iwa

Hoy hemos vuelto al esquema de clases por la mañana y visita por la tarde, que es más interesante tanto para mí como para los que leéis esto, supongo. El pronóstico del tiempo para hoy daba una alta probabilidad de lluvia por la tarde, así que la cosa no pintaba muy bien para nuestra excursión a Futami pero, por suerte, no ha sido así.

Nuestro microbús de hoy

Las dos clases de la mañana han estado dedicadas al intercambio cultural de Ise con el resto del país, ambas a cargo del profesor Okada. Con él hemos aprendido muchas cosas interesantes, como que Ise tiene ese papel de lugar relacionado con la diosa Amaterasu porque para los habitantes de la zona central del país –Kioto, Nara, etc.– Ise era el territorio más al este y, por lo tanto, más cercano al mar de donde cada día nacía Amaterasu, el sol. También ha sido curioso aprender que “mar” en japonés se dice “umi” por relación al vebo “umareru” (“nacer”), por ese mismo motivo, porque es de donde nace el sol. También han salido por ahí Luís Frois y los jesuitas, Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, así que me he encontrado en mi salsa en esta clase.

Después de comer, nos ha pasado a recoger un cómodo microbús –distinto al carismático autocar que nos ha trasladado arriba y abajo hasta hoy– y nos ha llevado al primero de los sitios que hemos visitado esta tarde, en Futami, que ahora es un barrio de Ise pero hasta hace muy poco era un municipio propio. Este primer sitio era algo muy curioso, un pedazo de terreno cuadrado, rodeado por un pequeño canal de agua, cerrado por una valla y con un torii marcando su condición de lugar shintō. Y ¿qué se hace en este terreno? Pues sal. Según nos ha explicado el guía que nos ha acompañado toda la tarde, una sal elaborada con una mezcla de agua dulce y salada, siguiendo un proceso muy ritualizado, que se utiliza después en diversas ceremonias. Entonces hemos visitado un pequeño santuario en el que durante dos meses al año se elabora esta sal, y resulta que uno de esos dos meses es marzo, así que hemos tenido la suerte de poder ver a través de una puerta a uno de los encargados de ello en plena faena. En otros edificios se guarda la sal una vez preparada.

En esta parcela se “cosecha” la sal

Elaborando la sal

Nuestro guía en plena explicación

Almacenes de sal

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Almacenes de sal

Hoy, tres de marzo, no es un día cualquiera en Japón, hoy se celebra el Hina Matsuri, o día de las niñas, en el que se exponen unas curiosas muñecas que recrean personajes de la corte del emperador en el Japón clásico, colocadas en una especie de escenario escalonado de color rojo. Y nos han llevado justamente a un centro cultural municipal donde se exhibían un gran número de estas colecciones de muñecas. También estaban las mascotas de Futami, una pareja de ranas –animal símbolo del ex-municipio–, vestidas de la misma forma que estas muñecas. Después hemos paseado un rato por la zona, llena de edificios de arquitectura tradicional y tiendas de recuerdos. Y ranas, había ranas por todos sitios, de todo tipo de material y tamaño.

El camino nos ha llevado hasta el paseo marítimo, y allí hemos entrado en el Hinjitsukan, un edificio de 1887, creado como alojamiento de personajes importantes que visitasen el Gran Santuario, pero que actualmente funciona como una especie de museo. Allí hemos visto, además del edificio en sí mismo, más muñecas de Hina Matsuri y todo tipo de objetos tradicionales japoneses, como kimonos, reproducciones de armaduras samuráis, instrumentos musicales, etc.

Paseando hacia la playa

En el Hinjitsukan

En el Hinjitsukan

En el Hinjitsukan

A pocos minutos caminando del Hinjitsukan, el plato fuerte del día y uno de los de todo este programa, las Meoto Iwa. Estas dos rocas son quizá la imagen más famosa de Ise y una de las más famosas del país en el resto del mundo, incluso aunque no se sepa su nombre ni que están en Ise. Están justo delante del pequeño santuario Futami Okitama, unidas entre sí por una gruesa cuerda de paja de arroz –que se cambia varias veces al año con una ceremonia– y representan a Izanagi e Izanami y, por extensión, a todas las parejas. Según nos han dicho, en verano, a cierta hora y si el cielo está muy despejado, se puede ver el sol entre las dos rocas y, recortada sobre él, la silueta del monte Fuji. No puede haber imagen más redonda. Y con esa imagen en la retina, nos hemos vuelto al microbús, de vuelta a “casa”.