Hace un par de semanas tuve que hacer una visita de tres días a Sevilla, a buscar unos documentos en el Archivo General de Indias para el Trabajo Final de Máster en el que estoy trabajando este verano, y decidí hacerme un hueco en la agenda para visitar también la cercana localidad de Coria del Río –que ya te debería sonar si has leído mi artículo sobre la Embajada Keichō.

Realmente, la del Archivo era la parte importante del viaje, pero sobre eso no hay demasiado que explicar, poco más que dar las gracias desde aquí al personal del mismo con el que traté, todo el mundo fue muy amable conmigo al explicarme todo su funcionamiento y burocracia –no sabéis la de pasos que requiere conseguir sacar de allí un documento fotocopiado. Fue una gran experiencia, incluido el utilizar una máquina de microfilms, y conseguí todo lo que había ido a buscar, así que perfecto, objetivo conseguido. Lógicamente, dentro no es posible hacer fotos, así que no puedo acompañar esto más que con una foto mía en la puerta del Archivo… poca cosa, lo sé.

Conseguido esto, pudimos dedicar una mañana a visitar Coria del Río, que está a pocos kilómetros de Sevilla y es accesible mediante un paseo en autobús. Al llegar nos dirigimos, antes que a ningún otro sitio, al parque Carlos de Mesa, cómo no, donde se encuentra la estatua de Hasekura Tsunenaga que tantas veces he visto fotografiada y he usado en algunos trabajos, artículos y conferencias, con un pequeño torii a sus espaldas y mirando a las aguas del Guadalquivir. Es una tontería en realidad, no hablamos de una estatua impresionante como el Gran Buda de Kamakura o un monumento de proporciones gigantescas, sólo es una estatua de un samurái prácticamente a escala real en un rinconcillo de un parque, como las que hay en muchas ciudades y pueblos… pero para mí tiene una gracia especial, le he acabado pillando cariño, supongo –como me pasa con la estatua de Saigō Takamori que hay en el parque de Ueno, en Tokio, que tengo que pasar a verla siempre que ando por allí. No pude evitar hacerle un montón de fotos, como algunas que he puesto aquí. Al lado de la estatua plantaron hace poco más de un año un cerezo, con motivo de la visita del príncipe Naruhito, como reza la baldosa de la foto –gazapo incluido. El cerezo no es aún nada muy impresionante y frondoso, démosle algo de tiempo. Por cierto, la baldosa también dice que lo plantó el mismo Naruhito… supongo que agarró la pala y echó un poco de tierra, no creo que su Alteza Imperial se arremangase la camisa bajo el sol de un junio sevillano para plantar el arbolito… en todo caso, un gesto muy bonito, la verdad.

Con el amigo Hasekura Tsunenaga

El cerezo junto a la estatua

Para hacer tiempo hasta mi siguiente cita, y buscando siempre la sombra, nos dimos una vuelta por la parte antigua de Coria y pudimos comprobar que las referencias a Japón están presentes en algunos lugares, como se puede ver en las fotos: alguna tienda con rótulos o carteles en japonés, la bandera japonesa nada más y nada menos que en la fachada del Ayuntamiento –junto con la de Coria, la andaluza, la española y la europea–, otra baldosa en el Ayuntamiento recordando la visita del Príncipe Naruhito –esta vez escrito correctamente–, etc. Muy curioso, la verdad. Todo el viaje en general surgió de forma un poco precipitada y con poco tiempo para planificar demasiado, así que no pude contactar con la debida antelación con alguna gente a la que me habría gustado visitar, como la parroquia de Santa María de la Estrella, donde se supone que se bautizaron los primeros corianos apellidados “Japón”. De haber tenido más tiempo, habría pedido permiso para ver esos registros bautismales. Nos acercamos por allí, pero no era dentro del horario de despacho y, aunque llamé a la puerta, nadie abrió. Una lástima, otra vez será.

En cambio, si pude contactar con el señor Sebastián Cordero, director de la Casa Museo “Sala Sendai”. Cuando hablé con él por teléfono, me informó de que el museo no se inaugurará hasta el mes de septiembre y que, de momento, sólo abren excepcionalmente para algunas visitas grupales; pero, al informarle del motivo de mi visita desde Barcelona, muy amablemente se ofreció a abrirme las puertas y enseñarme la casa, todo un detalle que quiero agradecerle. Se encuentra a pocos pasos de la parroquia y del Ayuntamiento, y es una acogedora casa que, según nos contó Sebastián, pertenecía a su abuela, una “Japón” de Coria, apellido que él ya no conserva. El museo está enfocado tanto a visitantes locales-nacionales que estén interesados en la historia de la embajada de Hasekura como a turistas japoneses interesados en la historia y tradiciones de Coria del Río. Así, encontramos materiales de ambas temáticas, y más que habrá para su apertura al público. También nos contó que se han hecho y se harán exposiciones sobre temas concretos, y cuentan incluso con una amplia sala de actos. De nuevo, muchas gracias al señor Sebastián por las molestias que se tomó, y mucha suerte con la apertura de la casa museo.

De vuelta en Sevilla, aproveché también para quedar un rato con Rafael Abad, doctor por la Universidad de Hokkaido, profesor de la Universidad de Sevilla y muy probablemente el mejor experto español en Arqueología Japonesa. Le conocí hace un par de años a partir de esta web y más tarde colaboró escribiendo un magnífico artículo para el #03 de Asiadémica, la revista académica online que co-edito, pero nunca nos habíamos visto en persona y, estando yo en su ciudad, había que remediarlo. Aunque le avisé con mucha menos antelación de la que considero educada, no tuvo problema en pasarse a charlar un buen rato, y además me trajo de regalo un libro y un par de artículos suyos escritos en japonés, todo un detalle que le agradezco mucho. Una charla de lo más amena que hizo que se pasasen las horas volando.

Y no hay mucho más que contar, un viaje relámpago, por lo súbito y lo corto, pero muy productivo, tanto en lo referente al motivo principal del viaje –el trabajo en el Archivo– como al resto de lo aquí explicado.